Cómo llegar al norte si vamos al sur
Sergio Melnick
Tanto las democracias como los mercados tienden a sufrir de miopía crónica, y a veces se equivocan, aunque por diferentes razones. Por eso existen los estados y, dentro de éstos, los gobiernos, la legislatura, las universidades y muchos otros entes que deben tratar de corregir esas miopías. Es parte del desarrollo de la sociedad, para lo cual requiere la mirada de futuro. Así, el curso “natural” de las cosas se “interviene”. Pero, ¿cómo hacerlo en la dirección correcta y de manera justa?
En nuestro país, las cosas simplemente no andan muy bien. Hay aciertos, pero el balance no es bueno. Las cosas están como desordenadas. Hay gran desorientación, estamos como a la deriva. Las pugnas crecen, y ya se ha iniciado el nefasto camino de las descalificaciones personales.
Las huelgas suben el tono. La delincuencia no cae. Por primera vez se cuestionan las cifras oficiales sobre la pobreza y hay pie a la discusión. Al margen de si es efectiva o no la crítica, el hecho mismo de que las cifras sean “sometidas a proceso” es indicador de algo no trivial. Hay desconfianza en el gobierno, que en este caso nos da sólo los titulares del power point comunicacional, pero no entrega las bases de datos. Encima, renuncia la encargada de estos datos. Las explicaciones no alcanzan. Todo es un poco oscuro. No parece haber transparencia más allá de la retórica. La credibilidad desaparece, lo que se suma a decenas de errores anteriores en las políticas públicas, acompañados de fallas claras del liderazgo presidencial.
El gran foco de todo gobierno, a mi juicio, debe necesariamente ser el desarrollo del país, y no sólo la política social, que siendo extraordinariamente importante, es más bien una condición de lo anterior. La gran pregunta de hacia dónde queremos llevar la sociedad es siempre previa a la del cómo queremos hacer la navegación. Si uno no sabe dónde quiere ir, simplemente no llegará a ninguna parte. El objetivo de una sociedad más justa carece de real contenido sin una señal clara del destino. Pan para hoy y hambre para mañana: ya ha ocurrido.
La sociedad justa es un sueño al que el ser humano no puede, ni debe, renunciar jamás. Pero en nombre de ella se mataron 100 millones de personas tras la cortina de hierro.
La sociedad justa sin un sentido claro de dirección es pura retórica. La igualdad no es un destino en sí mismo. Más aún, es imperativo romper de una vez por todas la mala ecuación equidad = igualdad, que la izquierda maneja con gran ambigüedad y éxito electoral.
Es ambiguo porque va contra la naturaleza de la vida misma. La materia, a través de la entropía tiende a la igualdad. Pero la vida siempre va en la dirección opuesta a la entropía, diferenciando, organizando. No es aleatorio que la izquierda sea materialista en su fundamento último.
Pues bien, la equidad, o lo justo, es un concepto mucho más amplio que la igualdad. La igualdad es sólo un caso particular de equidad. De hecho, hay tres grandes criterios de equidad que operan en la sociedad. Uno es sin duda la igualdad. Otro, que se reparta de acuerdo a la necesidad. Por último, es justo también que se reparta de acuerdo a la contribución.
Este último criterio, por ejemplo, es fundamental en la economía, o en las notas en la educación. Estas reflejan esfuerzo, competencias, resultados. Las remuneraciones debieran ser así. También se usa este criterio en el deporte y otras áreas de la vida social.
La igualdad es necesaria en muchos temas, como las oportunidades, que es lo más importante. También, por cierto, frente a la ley o los servicios públicos y otros de esa naturaleza.
Por último, el criterio de acuerdo a las necesidades puede aplicarse en algunos temas de salud (como el AUGE), la indigencia, las emergencias y otros.
En suma, la equidad es sólo retórica si no se le da contenido y si no se explica cuáles criterios serán usados, en qué casos y cuánto cuestan en términos de la dirección en que quiere ir la sociedad. La política es la herramienta por la cual la sociedad se pone de acuerdo en el uso de esos criterios. Pero primero debe reconocerlos y hacer que la población los maneje. Equidad no siempre es igualdad. Mientras no entendamos esto, Chile seguirá manejando al sur cuando quiere ir al norte.
Tanto las democracias como los mercados tienden a sufrir de miopía crónica, y a veces se equivocan, aunque por diferentes razones. Por eso existen los estados y, dentro de éstos, los gobiernos, la legislatura, las universidades y muchos otros entes que deben tratar de corregir esas miopías. Es parte del desarrollo de la sociedad, para lo cual requiere la mirada de futuro. Así, el curso “natural” de las cosas se “interviene”. Pero, ¿cómo hacerlo en la dirección correcta y de manera justa?
En nuestro país, las cosas simplemente no andan muy bien. Hay aciertos, pero el balance no es bueno. Las cosas están como desordenadas. Hay gran desorientación, estamos como a la deriva. Las pugnas crecen, y ya se ha iniciado el nefasto camino de las descalificaciones personales.
Las huelgas suben el tono. La delincuencia no cae. Por primera vez se cuestionan las cifras oficiales sobre la pobreza y hay pie a la discusión. Al margen de si es efectiva o no la crítica, el hecho mismo de que las cifras sean “sometidas a proceso” es indicador de algo no trivial. Hay desconfianza en el gobierno, que en este caso nos da sólo los titulares del power point comunicacional, pero no entrega las bases de datos. Encima, renuncia la encargada de estos datos. Las explicaciones no alcanzan. Todo es un poco oscuro. No parece haber transparencia más allá de la retórica. La credibilidad desaparece, lo que se suma a decenas de errores anteriores en las políticas públicas, acompañados de fallas claras del liderazgo presidencial.
El gran foco de todo gobierno, a mi juicio, debe necesariamente ser el desarrollo del país, y no sólo la política social, que siendo extraordinariamente importante, es más bien una condición de lo anterior. La gran pregunta de hacia dónde queremos llevar la sociedad es siempre previa a la del cómo queremos hacer la navegación. Si uno no sabe dónde quiere ir, simplemente no llegará a ninguna parte. El objetivo de una sociedad más justa carece de real contenido sin una señal clara del destino. Pan para hoy y hambre para mañana: ya ha ocurrido.
La sociedad justa es un sueño al que el ser humano no puede, ni debe, renunciar jamás. Pero en nombre de ella se mataron 100 millones de personas tras la cortina de hierro.
La sociedad justa sin un sentido claro de dirección es pura retórica. La igualdad no es un destino en sí mismo. Más aún, es imperativo romper de una vez por todas la mala ecuación equidad = igualdad, que la izquierda maneja con gran ambigüedad y éxito electoral.
Es ambiguo porque va contra la naturaleza de la vida misma. La materia, a través de la entropía tiende a la igualdad. Pero la vida siempre va en la dirección opuesta a la entropía, diferenciando, organizando. No es aleatorio que la izquierda sea materialista en su fundamento último.
Pues bien, la equidad, o lo justo, es un concepto mucho más amplio que la igualdad. La igualdad es sólo un caso particular de equidad. De hecho, hay tres grandes criterios de equidad que operan en la sociedad. Uno es sin duda la igualdad. Otro, que se reparta de acuerdo a la necesidad. Por último, es justo también que se reparta de acuerdo a la contribución.
Este último criterio, por ejemplo, es fundamental en la economía, o en las notas en la educación. Estas reflejan esfuerzo, competencias, resultados. Las remuneraciones debieran ser así. También se usa este criterio en el deporte y otras áreas de la vida social.
La igualdad es necesaria en muchos temas, como las oportunidades, que es lo más importante. También, por cierto, frente a la ley o los servicios públicos y otros de esa naturaleza.
Por último, el criterio de acuerdo a las necesidades puede aplicarse en algunos temas de salud (como el AUGE), la indigencia, las emergencias y otros.
En suma, la equidad es sólo retórica si no se le da contenido y si no se explica cuáles criterios serán usados, en qué casos y cuánto cuestan en términos de la dirección en que quiere ir la sociedad. La política es la herramienta por la cual la sociedad se pone de acuerdo en el uso de esos criterios. Pero primero debe reconocerlos y hacer que la población los maneje. Equidad no siempre es igualdad. Mientras no entendamos esto, Chile seguirá manejando al sur cuando quiere ir al norte.


0 Comments:
Publicar un comentario
<< Home